En cuestión de latas, siempre hay sorpresas. Un pollo en salsa de gelatina comprimido en una lata de 1 kilo y medio, grillos tostados con huevos, bacon con una caducidad de diez años o un bote de hamburguesa con queso americana, la creatividad culinaria de todo lo que se puede poner en una lata no tiene límites. Lo mismo ocurre con las bebidas, desde refrescos a cerveza. En China hay latas de bebida con nidos de pájaro comestibles disueltos en un líquido que estimula el crecimiento de las células y fortalece el sistema inmunológico.

"En mi opinión, en una lata puedes poner cualquier cosa", dice Mark Veron, Jefe de Desarrollo e Ingeniería Tecnológica de Canline. Cada año circulan unos 180.000 millones de latas de bebidas de aluminio por todo el mundo, por lo que nadie puede negar que es una industria en plena expansión.

Un cambio de formas

Canline es una empresa internacional holandesa que diseña e instala soluciones completas de transporte y manejo para la industria de envasado de aluminio y metal. Con una tecnología de magnetismo, de vacío y de aire, Canline está especializada en el transporte interno durante la fabricación de las latas, que debe realizarse a alta velocidad pero sin abolladuras ni daños. Para ello la empresa utiliza bandas textiles de Habasit. Esa colaboración estrecha entre Canline y Habasit en la fase inicial de ingeniería de máquinas y líneas de producción se complementa con la red global de servicios de Habasit.

Desde 1969, Canline ha sido testigo de cambios radicales en la industria. La primera lata de aluminio se fabricó en 1957, en 1962 se añadió la anilla de abertura y en 1965 la máquina expendedora de refrescos. Las anillas se convirtieron en un problema de residuos y en un peligro para animales y niños pequeños. En 1975 se inventó la pestaña para refrescos.

"Antes se fabricaba un único tamaño de lata", explica el Sr. Veron, "pero ahora se exigen diámetros y alturas más flexibles. Una impresión de calidad, mayor velocidad de producción y una reducción del grosor del material plantea cada vez más complicaciones para aumentar la eficiencia de toda la línea".

Uno de los retos más importantes en la industria moderna es la estética. Una botella de plástico es más atractiva que una lata. "Es difícil moldear el aluminio", dice el Sr. Veron, "es caro y la velocidad de producción es reducida". Se pueden fabricar 3.000 latas por minuto, pero si hay que darles una forma especial, la velocidad se reduce a la mitad. El Sr. Veron cree que con el tiempo la industria encontrará la manera de fabricar una lata más atractiva.

La elección saludable

En el pasado, la comida enlatada tenía mala fama. Pero en realidad tienen muchos beneficios para la salud. Permite conservar minerales y vitaminas liposolubles, como A, D, E y K, además de las proteínas y la grasa duradera. En algunos casos, el calor del proceso de enlatado libera antioxidantes en verduras como el maíz o los tomates.

Otra gran ventaja es que los productos se enlatan cuando están muy frescos, por lo que una lata de verduras con cinco años de caducidad tiene más valor nutricional que las verduras mustias del fondo de la nevera.

Conservando el mundo en una lata

La comida y la bebida enlatada es una elección práctica, saludable e incluso suculenta, pero hay otra ventaja mayor y es la sostenibilidad. El aluminio puede reciclarse indefinidamente. Si se tira una lata a un contenedor de reciclaje, se transformará en un producto nuevo que volverá a la estantería en 60 días

"Es el envasado más sostenible del mundo", explica el Sr. Veron. "Para reciclar plástico hay que añadir agentes químicos o material nuevo, pero las latas de acero o de aluminio se reciclan en hasta un 80% o 95%".

El aluminio tiene un potencial de reciclaje inmenso pero el reto es que la lata llegue al contenedor de reciclaje. Merece la pena el esfuerzo porque el reciclaje de una lata de aluminio ahorra un 92% de la energía necesaria para fabricar una lata nueva. En Estados Unidos, se reciclan menos de la mitad de las latas de aluminio, desaprovechando la energía equivalente al suministro de electricidad para un millón de hogares durante un año. Alemania, Suiza, Noruega y Finlandia reciclan más del 90% de los contenedores de aluminio.

La separación de los plásticos puede ser una pesadilla.

"El aluminio se clasifica fácilmente mediante el efecto magnético de las corrientes de Foucault", explica el Sr. Veron, "pero hay seis o siete tipos de plásticos distintos y se reciclan en un flujo lechoso que hay que separar, limpiar y regenerar antes de añadir material nuevo".

Mark Veron cree que la gente empieza a ser consciente de la sostenibilidad de las latas y tendrá un gran impacto en el futuro del reciclaje.

Desde el detalle a las grandes masas

Canline siempre está a la vanguardia de ingeniería de latas. El desarrollo innovador es obligatorio en una industria con un futuro creativo. Canline ofrece soluciones únicas, como su última máquina llamada Randomizer, que distribuye las pestañas de las latas durante la producción para un envasado fácil y uniforme, y una reducción de costes de almacenaje y transporte. Un detalle como éste marca una gran diferencia cuando se están produciendo miles de tapas por minuto.

A pesar de los números impresionantes de producción global en masa, el Sr. Veron cree que la industria seguirá creciendo. Si se valora la sostenibilidad, la creatividad culinaria no es lo único que sorprende. (ST)

www.canline.com
Sonja StrimitzerMarketing

El mundo en una lata

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